El interés simple calcula el rendimiento solo sobre el capital inicial. El interés compuesto, en cambio, suma los intereses al saldo y aplica el siguiente cálculo sobre una cantidad mayor. Esa diferencia parece pequeña al principio, pero se acumula con cada periodo.
La fórmula básica
Sin aportaciones periódicas, la fórmula más habitual es:
A = P × (1 + r / n)^(n × t)
A es el saldo final, P el capital inicial, r la tasa anual expresada como decimal, n el número de capitalizaciones al año y t el número de años. Por ejemplo, una inversión inicial de 1.000 € al 5 % anual durante 10 años, con capitalización anual, terminaría cerca de 1.629 € antes de costes e impuestos.
Qué cambia cuando aportas cada mes
Si añades una cantidad periódica, cada aportación tiene un tiempo distinto para crecer. La primera permanece invertida durante casi todo el plazo; la última apenas participa en los últimos periodos. Por eso conviene separar tres cifras:
- Capital inicial.
- Total de aportaciones realizadas.
- Intereses generados sobre ambas cantidades.
La frecuencia también importa. Capitalizar mensualmente no transforma una mala tasa en una buena inversión, pero permite modelar con más precisión cómo se incorpora el rendimiento al saldo.
El tiempo suele pesar más que empezar con mucho
Una simulación es especialmente útil para comparar escenarios: empezar ahora o dentro de cinco años, aportar 100 € o 200 €, o cambiar el plazo. No es una predicción. Una tasa constante es solo una hipótesis y la rentabilidad real puede variar; además, las comisiones, los impuestos y la inflación reducen el resultado que llega a tu bolsillo.
Usa porcentajes razonables, prueba varios escenarios y no confundas el resultado de una fórmula con una garantía. Para una referencia educativa sobre el concepto, consulta la calculadora de interés compuesto de Investor.gov.